La condena que el Vaticano dictó en enero pasado contra el sacerdote chileno Fernando Karadima por abuso de menores remeció a la iglesia católica del país latinoamericano, que hoy admite vivir un difícil momento ante la pérdida de confianza por parte de una población históricamente cercana.
La Congregación para la Doctrina de la Fe determinó que Karadima es culpable de abuso de menores, actos impuros con adultos con violencia y de abuso de autoridad, y lo instó a una vida de oración y penitencia como forma de reparación a sus víctimas.
Fueron cuatro los denunciantes de un caso que salió a la luz en abril de 2010, y que fue sistemáticamente negado por el círculo cercano al religioso, destacado por su rol como formador de sacerdotes y caracterizado por un entorno de poderío económico.
Aún así, la opinión pública chilena reaccionó al ver que su realidad se veía golpeada por algo que hasta entonces parecía lejano, las acusaciones de abusos sexuales en distintas iglesias del mundo que llevaron al papa Benedicto XVI a pedir perdón y adoptar severas medidas.
Percepción negativa
Una encuesta dada a conocer en noviembre pasado por el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) -una institución privada que se define como independiente y sin fines de lucro, que realiza encuestas de opinión pública desde 1986- arrojó que en mayo de 2010 un 30% de la población del país calificaba como "perjudicial" la influencia de la iglesia, aumentando considerablemente respecto del 16% registrado en 2006.
A la espera de estudios que midan los actuales efectos del caso Karadima, las proyecciones del CERC estiman que a la luz de los nuevos sucesos, los católicos siguieron alejándose de la institución eclesiástica, según le dijo a BBC Mundo su director Carlos Huneeus.
"Se ha producido un debilitamiento en la confianza que la iglesia tuvo en los últimos veintitantos años, en el último cuarto de siglo. Y el caso Karadima ha tenido un impacto devastador", planteó.
Desde que se conoció la condena del Vaticano a la actualidad, los denunciantes apuntaron también al actual cardenal y ex arzobispo de Santiago Francisco Javier Errázuriz, a quien se le reprocha que no actuó cuando conoció el primer testimonio directo en 2003.
A juicio de Huneeus, estos hechos representan un "escalamiento de la crisis y de la crítica que se le hace al anterior arzobispo de Santiago por el tratamiento que tuvo el caso", destacando que su sondeo arrojó "opiniones críticas en todos los grupos sociales, creyentes y no creyentes". BBC Mundo