¿Qué pasa en las carreteras de América Latina? La región tiene una tasa de motorización—es decir, de uso de automóviles—baja, pero su índice de siniestralidad está entre los más altos del mundo.
De hecho, cada año fallecen 100.000 personas por accidentes de circulación y, a medida que el parque de vehículos aumenta, es de prever que esa cifra se dispare. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que, si se mantiene la actual tendencia, en 2020 el número de fallecidos será de 130.000.
Son unas cifras espectaculares, sobre todo si se las compara con otras regiones. Por ejemplo, en Latinoamérica hay 16,3 víctimas por accidentes de tráfico por cada 100.000 habitantes, cuando la media en el mundo desarrollado es de 8 ó 9, y en España de 8,3. Y, si la tendencia no se quiebra, en 2020 la proporción habrá aumentado a 31 muertos por 100.000 habitantes.
La siniestralidad es aún mayor si se tiene en cuenta el número de siniestros por cada millón de vehículos: En América Latina es de 815, frente a una horquilla de entre 109 y 170 en la Unión Europea, y 126 en España.
El coste no es solo humano: De acuerdo con los datos del BID, el coste de la falta de seguridad en las carreteras al sur del Río Grande cuesta entre el 1% y el 3% del PIB de los países. Las cifras son todavía mayores en Centroamérica, donde algunos países, como Guatemala, ostentan cifras extremadamente altas.
En realidad, es posible que el número de víctimas sea todavía mayor, dado que hay países que aplican criterios muy restrictivos a la hora de considerar quién es una víctima de un accidente de circulación. Por ejemplo, en algunos casos sólo se considera dentro de esa categoría a las personas que mueren directamente de un accidente, no a los heridos que fallecen en los hospitales a las pocas horas del siniestro.
Por todo ello, el BID acaba de lanzar el Decenio de Acción para Seguridad Vial, con el objetivo de salvar 350.000 vidas de aquí a 2020. El plan persigue que en ese último año el número de muertes por esta causa sea de 65.000, es decir, un 50% inferior al previsto. Para ello, contempla una serie de iniciativas, que van desde campañas de concienciación hasta ayudas para la revisión del parque automovilístico de los países.
Las causas de esa formidable tasa de mortalidad son muchas. Hay problemas de infraestructura (malas carreteras) y de educación. Pero el factor institucional también desempeña un papel importante. Muchos países de la región tienen prioridades más importantes que la siniestralidad.
Para los responsables de infraestructuras, por ejemplo, es más importante construir carreteras que evitar accidentes. Para las autoridades sanitarias, la lucha contra ciertas enfermedades está por delante de los accidentes de tráfico. El resultado es que la seguridad vial siempre queda relegada a un segundo lugar.
"En muchos casos, los accidentes de tráfico están muy relacionados con el uso del suelo", ha explicado a ELMUNDO.es Esteban Díez Roux,especialista del BID en esta área. "En América Latina, un porcentaje importante de los siniestros se producen en las zonas periféricas de las ciudades. Además, el 50% de las víctimas pertenecen a grupos vulnerables—como peatones o ciclistas—frente al 20% del mundo desarrollado", según Díez Roux.
EL MUNDO