quarta-feira, 18 de maio de 2011

Fernández y Rouseff , enfrentadas por el conflicto comercial entre Argentina y Brasil

Se trata de un conflicto comercial, pero también de un choque entre dos mujeres asertivas y duras de carácter. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner quiere reducir a toda costa, el déficit comercial de la Argentina frente a Brasil. Su homóloga brasileña, Dilma Rousseff, se ha propuesto convertir a su país en una potencia exportadora y no acepta que nadie se interponga en su camino. Es ahí donde Cristina y Dilma se convierten en rivales.
Hablamos de un pleito de larga data que recrudeció cuando los economistas de la Casa Rosada repararon en que el déficit frente al país Amazónico alcanzó los 1.329 millones de dólares en los primeros cuatro meses de este año. Y que al ritmo que lleva, superaría los 6.000 millones de dólares al final del 2011. A grandes problemas, grandes remedios. La administración argentina aplicó trabas al ingreso de calzado, electrodomésticos, textiles y productos agropecuarios procedentes de Brasil.
Cómo las protestas verbales no dieran resultados, los brasileños respondieron aplicando un boicot –no cabe otra definición- a los vehículos armados en la Argentina.
Los fabricantes argentinos creyeron que el conflicto se resolvería pronto, como sucedía en los tiempos de Lula. Pero a diferencia de su sentimental predecesor, Dilma no se anda con sutilezas. En su programa radial 'Café con la Presidenta', la ex guerrillera prometió a sus empresarios, que hará cuanto esté a su alcance para "combatir la burocracia que enfrentan nuestros exportadores en el comercio con otros países". Dado que el único país que levanta tales obstáculos es Argentina, no había necesidad de decir a quien iba dirigido su mensaje.
Seis días después de que estallara la crisis, los timoneles del sector automotriz en la Patagonia, levantaron un clamor. El presidente de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), Aníbal Borderes, señaló que de continuar el boicot brasileño, los afiliados a esa entidadtendrían que cerrar las líneas de producción. Borderes recordó que el sector automotriz es responsable del 50% del crecimiento industrial de la Argentina, dando trabajo a 30.000 personas y creando, en los últimos tres años, cerca de 137.000 empleos indirectos.
Luego de entrevistarse con el embajador brasileño, Enio Cordeiro, la ministra argentina de Industria, Débora Giorgi, aseguró que "la solución al conflicto está al alcance de la mano". Pero los analistas creen que no habrá solución mientras Dilma y Cristina no tomen cartas en el asunto.
"Entre las dos, la más conciliadora es Rousseff, pero la mandataria brasileña está bajo la presión de la poderosa Federación de Industrias de Sao Paulo (FIESP). Los jefes de esa corporación (que agrupa a 150.000 empresarios fabriles), le explicaron que si no defiende con brío las exportaciones, Brasil irá camino a la desindustrialización", afirma Raúl Bello, economista de la Universidad de Buenos Aires.
Según los expertos, el problema radica en que ni Brasil ni Argentina están dispuestos a comprometerse seriamente con el modelo de libre comercio, que constituye, o debería constituir, la piedra de toque del MERCOSUR. EL MUNDO