La actriz Zsa Zsa Gabor, de 94 años, ha vuelto a ser ingresada esta mañana en un hospital de Los Angeles tras una complicación en su estado de salud. Al parecer, la conocida secundaria de películas como “Moulin Rouge” y “Sed de mal” comenzó a sangrar de forma contundente por el tubo que la alimenta, conectado al estómago.
Es el enésimo problema que ha tenido la modelo y socialité de la época dorada de Hollywood en el último año y medio. En esas idas y venidas al hospital, Gabor, de orígen húngaro, ha sufrido la amputación de la pierna derecha y ha llegado a recibir la extremaunción de un cura, con sus allegados convencidos de que estaba ante su inminente final.
Además, el pasado mes de julio, la intérprete sufrió un grave accidente en el que se fracturó la cadera, una situación que le ha obligado a pasar por los centros médicos en varias ocasiones. Ella es consciente de que le queda poco tiempo. "La próxima soy yo", dijo tras la muerte de Elizabeth Taylor hace unas semanas.
Pero mientras eso llega, Gabor aún tiene planes de vender la mansión en la que reside con su octavo marido, Federico Von Anhalt, en Beverly Hills. Ha pasado de los 28 millones de dólares de hace unos meses a los 16 que pide en la actualidad, a tenor de cómo está el mercado inmobiliario en Estados Unidos.
Su ingreso en el hospital es la enésima alarma de una mujer con una larga trayectoria en Hollywood, famosa por su constante presencia en películas —aunque siempre como actriz de reparto— y en unas cuantas series de televisión. Además de trabajar a las órdenes de gigantes como John Huston y Orson Welles, tuvo que ver con éxitos televisivos como 'Bonanza' y 'Vacaciones en el mar'.
A la par de su intensa producción en la pequeña y la gran pantalla, Gabor se convirtió en habitual de las revistas del corazón por sus ocho matrimonios, algunos sonados como el de Conrad Hilton, dueño del imperio hotelero. Von Anhalt, el último, es el que más ha durado junto a la actriz húngara, casado con ella desde 1986. Pese a todos sus matrimonios, Gabor solo tuvo una hija, Francesca. EL MUNDO